Arco del Pósito y Pósito Municipal
En el corazón de Villafranca, la arquitectura nos habla de tiempos de hambre y abundancia. Este conjunto histórico no es solo una estructura bonita; fue el «banco de alimentos» de nuestros antepasados.
El protagonista indiscutible es el Arco del Pósito, una robusta obra del siglo XVIII de ladrillo y mampostería. Pero, ¿por qué construir un arco aquí? La razón es puramente práctica: fue la solución ingenierosa de la época para ampliar la planta alta del antiguo edificio de las carnicerías. Bajo su sombra, y como curiosidad devocional, se venera una imagen de San José que lleva protegiendo el lugar desde 1747, siendo testigo mudo del paso de carros y vecinos durante casi tres siglos.
Justo al lado se alza el Pósito Municipal, un almacén vital en la economía agraria de antaño. Funcionaba como una institución de crédito en especie: aquí se guardaba el grano en los años de buenas cosechas para prestarlo a los agricultores —con un interés muy bajo— en tiempos de sequía o crisis. Era el seguro de vida del pueblo.
Si observas su fachada, verás que se mantiene fiel a su origen. Sin embargo, hay un detalle que ha cambiado de sitio: el escudo de la Casa de Aguilar, que originalmente presidía el exterior, se conserva ahora en el interior, protegido del desgaste del tiempo.
De almacén de grano a templo del buen comer
El edificio ha sabido reinventarse sin perder su esencia. Donde antes se almacenaba trigo, hoy se sirven tapas y vinos. El antiguo Pósito alberga actualmente una de las tabernas con más encanto y solera de Villafranca, permitiendo a los visitantes disfrutar de la gastronomía local bajo los mismos techos que alimentaron al pueblo hace siglos.


