Ermita de las Angustias
Si las piedras de esta ermita hablaran, contarían una historia de resistencia asombrosa. Situada en lo que fue la huerta de los Comendadores de Calatrava, este edificio no solo ha cambiado de nombre, sino que ha sobrevivido a guerras, abandonos e incluso a su conversión en cine.
Originalmente, en el siglo XVI, este lugar estaba dedicado a San Sebastián, el santo protector contra la peste, actuando como un «vigía espiritual» a la entrada del pueblo para frenar las epidemias. Sin embargo, el tiempo hizo mella en la estructura primitiva, y a finales del siglo XVIII se levantó el templo actual, de líneas neoclásicas y planta de cruz latina. Fue entonces cuando la devoción popular por la imagen de la Virgen de las Angustias terminó por rebautizar el templo.
Pero el capítulo más curioso de su historia llegó en el siglo XX. Tras sufrir graves daños y saqueos durante la Guerra Civil, la ermita perdió su carácter sagrado durante décadas. Increíblemente, sus naves llegaron a utilizarse como granero e incluso como sala de cine y teatro, siendo testigo de la vida social del pueblo desde una perspectiva muy distinta a la religiosa.
Afortunadamente, el año 2006 marcó su renacimiento. Gracias a una profunda restauración impulsada por el Ayuntamiento y la Diputación, la ermita recuperó su dignidad y esplendor. Hoy, lejos de ser un almacén, vuelve a ser el corazón palpitante de la Semana Santa villafranqueña, punto de partida de las procesiones del Cristo de la Caridad, la Soledad y el Santo Sepulcro.


