Fuente de los Dos Caños
Imaginen un tiempo en el que, en todo Villafranca, apenas dos casas tenían acceso directo al agua. En ese contexto del siglo XVIII, la construcción de esta fuente no fue solo una obra pública; fue una auténtica revolución para la vida de sus habitantes.
La Fuente de los Dos Caños es la única superviviente de las tres grandes fuentes que se proyectaron en 1791 para canalizar el agua desde la Sierra. Su construcción fue una obra de envergadura que se prolongó durante más de una década, con fondos que aún se destinaban en 1801. Tal era su importancia que el diseño tuvo que ser aprobado por la mismísima Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, otorgándole un sello de prestigio y calidad artística inusual para una infraestructura rural.
Su estructura es un ejemplo de solidez y funcionalidad. Construida con grandes losas de granito trabadas con mortero y reforzadas con lañas de metal, fue diseñada para durar. Las dos pilastras cuadradas de las que brota el agua están rematadas por pináculos (un añadido posterior que embellece el perfil) y vierten sobre un gran pilar rectangular. Este diseño cumplía una doble función vital: abastecer de agua potable a los vecinos y servir de abrevadero para las caballerías.
Hoy, al caminar sobre su pavimento de guijarros original, pisamos la misma historia que aquellos vecinos que vieron desaparecer otras fuentes emblemáticas como la de Cebrián o la de los Álamos. La Fuente de los Dos Caños permanece como un monumento a la ingeniería tradicional y a la llegada de la modernidad al pueblo.


