Triunfo de San Rafael
En las ciudades y pueblos de Córdoba, San Rafael no es solo un arcángel; es el custodio eterno de la salud pública. Este monumento en Villafranca es un testimonio de piedra de los miedos y esperanzas de una época pasada.
Viajamos al siglo XVIII, un tiempo marcado por el fervor religioso pero también por el azote de frecuentes epidemias que diezmaban la población. En este contexto de incertidumbre, los señores de la villa decidieron alzar un escudo espiritual: un Triunfo a San Rafael. Sin embargo, este acto de fe guardaba un detalle muy humano. Aunque el monumento era público, los nobles que sufragaron los costes decidieron orientar la sagrada imagen… hacia sus propias casas.
Así, la escultura original miraba directamente hacia la actual calle Canales, donde residían sus mecenas, garantizándoles (o eso esperaban) una «protección prioritaria» frente a la enfermedad. Es una curiosa mezcla de devoción comunitaria y seguro de vida privado.
Lo que contemplamos hoy no es la talla primigenia, que sucumbió al deterioro de los siglos, sino una imagen posterior instalada sobre una esbelta columna-pedestal. Esta elevación busca, además de la monumentalidad, proteger la figura de posibles daños, asegurando que el Custodio siga velando por Villafranca desde las alturas.


